Cuando no hay tiempo para escribir, y menos mal

No hay tiempo para escribir. Y menos mal.
Mientras alguien por ahí publica sus logros todos los días, yo sigo con mi vida. Una vida bastante intensa, la verdad.
Familia. Negocios. Amigos. Surf. Café. Dormir. El otoño. Una charla sincera e inesperada en la cocina.
La guinda del pastel: los hijos
Y la guinda de este pastel de mil pisos son los hijos. Pequeños, ruidosos, graciosísimos.
Encerrados en mis borradores hay un centenar de posts, un modelo de negocio que no pienso enseñarles a los inversores y un texto casi terminado sobre cómo funciona todo. Todo eso esperará su momento. Pero ahora mismo tengo a un niño en las rodillas. Y me dice: «Papá, ¡vamos a construir un cohete!»
Y te digo una cosa: ese cohete lo voy a construir. El post puede esperar.
Lo que importa ahora
Escribir siempre se puede después. Pero cuando crezcan, ya no te lo pedirán.
Así que, por ahora, sin posts. Pero con mucho amor. Sé que sigues por aquí, no desaparezcas ❤️