El francés y el perfeccionismo cultural: ¿dónde está el límite?

Aprendemos francés y nos topamos con la cultura del detalle
Solo en Francia puedes enviar un contrato y recibir a cambio una lección… no sobre las cláusulas, sino sobre la tipografía. «La fuente es demasiado gruesa», «los párrafos no respiran», «aquí hay demasiados guiones de corte». El contenido puede esperar; la forma es lo primero.
La expresión francesa «enculer les mouches»
Literalmente suena vulgar, pero el sentido da justo en el clavo: quisquillear con las minucias hasta el absurdo. Al parecer surgió como mecanismo de defensa frente a esos perfeccionistas incansables que lo pulen todo hasta la extenuación, incluso cuando eso ya entorpece el trabajo.
¿Dónde está el límite entre la meticulosidad y el absurdo?
El perfeccionismo está bien… hasta que se convierte en un fin en sí mismo. Distinguir los detalles que importan del quisquilleo estéril es una habilidad que vale la pena cultivar, no solo al aprender francés, sino en la vida en general.